¿Es verdad que las emociones engordan?
A veces nos preguntamos por qué muchas personas fracasan en su programa de pérdida de peso. Por qué pasan de un profesional a otro y al poco tiempo abandonan. ¡Pero si ya tienen una dieta y un plan de entrenamiento por escrito! ¿Qué sucede entonces?
Ante todo hay que tener en cuenta que para que un plan de pérdida de peso funcione, hay que hacer un cambio de hábitos. Y para que esos hábitos perduren, tenemos que tener en cuenta nuestra parte emocional. No va a depender de nuestro consciente, nuestra fuerza voluntad y nuestro esfuerzo. Va a depender de cómo nos sentimos, de nuestro estado emocional.
El cerebro humano se pasa más del 90% del tiempo trabajando en el subconsciente. En toda esa parte que no controla nuestro cerebro racional. Por lo tanto, para conseguir nuestro objetivo, tenemos que empezar a trabajar por ahí. El autoconocimiento es imprescindible. Esto explica que comamos cosas que sabemos que nos perjudican, o que comamos más de lo que necesitamos.
¿Cómo mejorar el autoconocimiento?
¿Qué herramientas nos pueden ayudar en este proceso?
¿Cómo distinguir el hambre fisiológico del hambre emocional?
La tasa de fracaso de las dietas está entorno a un 90% de fracaso, y la adhesión a los planes de entrenamiento es muy baja. No es que la dieta esté mal hecha o el programa de ejercicio no funcione, es que no hemos detectado y modificado ese estado emocional que nos boicotea y nos hace abandonar.
Las emociones tienen la función de relacionarnos con el medio que nos rodea. Modulan nuestro comportamiento para que nos relacionemos de forma correcta con nuestro entorno, pero en ocasiones esto no sucede.
En el caso de la comida, hay un aprendizaje que comienza en edades tempranas de la relación entre determinadas emociones y la comida.
Por ejemplo, desde pequeñitos celebramos momentos especiales entorno a una mesa. Fiestas de cumpleaños, Navidad, etc. Aprendemos a superar momentos emocionales intensos que no sabemos gestionar de forma adecuada, comiendo algo que nos gusta. También aprendemos que después de comer algo que nos gusta mucho, nos vamos a sentir bien. Pero esto es un arma de doble filo, porque nos puede llevar a consumir cosas que perjudican nuestra salud o comer en exceso. En ocasiones este proceso se automatiza, porque se ha generado una hábito, y sin darnos cuenta entramos en un estado que no controlamos.
Como comentaba antes, el primer paso es el autoconocimiento, porque no se puede modificar algo que se desconoce. Y la mayoría de veces lo hacemos en forma de piloto automático, sin saber por qué o sin darnos cuenta ni siquiera de lo que está sucediendo.
HERRAMIENTAS
La primera herramienta que yo utilizo es el registro. Hay que registrar para luego observar qué sucede y tomar acción.
Qué comes, cuanto, con quién, que estado de ánimo o emociones sientes en esos momentos ( tristeza, estrés, aburrimiento, diversión, ansiedad, etc). En ocasiones estamos aplazando el momento de ponernos a hacer una tarea que no nos apetece, o un problema que no nos apetece resolver. También es una forma de compensar algunos hecho que consideramos que no deberían haber ocurrido. O simplemente nos premiamos para subirnos el ánimo. Este tipo de hambre que sentimos se llama hambre hedónico y está vinculado con nuestros sistemas de recompensa. No comemos para alimentarnos y sobrevivir. Comemos para distraer la atención sobre nuestros propios sentimientos.
Además, después de comer de esta forma, aparecen en muchas ocasiones sentimientos de culpa, que se calman con mas comida. El hambre emocional se retroalimenta.
La segunda herramienta que utilizo es la fijación de metas realistas. Es necesario fijar unos objetivos o metas que se puedan cumplir. Y esos objetivos grandes , subdividirlos en metas mas pequeñas. Y a cada una de esas metas asignarle unas tareas para poder conseguirlas. Ponerle una fecha de inicio y una de fin. Y llevar registro de lo que vamos cumpliendo. Todo por escrito, para poder observar desde fuera qué va sucediendo.
Muchas personas se crean metas tremendamente grandes, y al no dividirlas para llevar una hoja de ruta, se pierden por el camino.
Otras se crean falsas expectativas que luego generan frustración y abandono.
Además, llevarlo por escrito nos permite llevar un orden y ver qué parte vamos cumpliendo y qué parte se nos resiste.
Otra herramienta es la autoaceptación. A veces el problema no es el peso, sino la negación a si mismo. Hay pacientes que se boicotean constantemente porque no están preparados para establecer relaciones sociales y ponen su obesidad como escudo para mantener a la gente alejada y no enfrentarse a la realidad. Otros, creen que son poco visibles para la sociedad y engordan para mantener esa visibilidad que no consiguen en el plano emocional.
Tener una motivación lo suficientemente profunda para iniciar un proceso de cambio. Debemos vernos dentro de 5 años con la meta cumplida. Cómo quisiéramos estar y ser. Es muy importante interiorizar esta imagen de uno mismo haciendo o siendo aquello que deseamos. No hablo de un aspecto físico únicamente, hablo también de un estado emocional. Cómo sería esa vida si…. Eso es lo que nos va a mover al cambio. Ese deseo de cambio tiene que nacer de uno mismo. Cualquier detonante es lícito. Pero la motivación es propia.
También el control del estrés nos va a ayudar e mejorar nuestra relación con el entorno y la comida. El estrés es una respuesta natural del ser humano hacia situaciones que evaluamos cómo muy exigentes y vemos que no disponemos de los recursos suficientes para afrontarlas con éxito. El estrés forma parte de nuestra evolución, ya que garantiza nuestra supervivencia. Imaginaos qué nos habría pasado si ante un depredador, no hubiéramos sentido estrés.
Ante una situación de estrés, se genera una respuesta, y el cuerpo optimiza sus recursos para hacer frente a la situación y resolverla con éxito. Pero, ¿qué ocurre cuando la fuente de estrés cesa? que nuestro cuerpo debe volver a su estado normal. Esto, en la sociedad actual en la que todo se hace con prisas, y se quiere abarcar tanto, a veces no sucede y las personas se encuentran en una situación de estrés mantenido que provoca emociones cómo la ansiedad y la angustia, utilizando la comida como vía de escape. Otra mala gestión del estrés, es magnificar el estímulo que lo provoca. A veces nos genera estrés cualquier cosa insignificante y utilizamos de forma desproporcionada nuestros recursos. Actividades como el ejercicio, el Yoga o el Mindfullnes, pueden ayudar a un mayor control.
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